Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD)

La nueva estrategia sobre drogas

 

El impacto del la nueva estrategia sobre drogas en el Hemisferio Occidental

por Anna McG. Chisman

La drogodependencia es una enfermedad crónica y recurrente que debe tratarse a través del sistema de atención de la salud, como el asma, la diabetes y la hipertensión. Esta es la comprobación a la que se ha llegado después de años de investigaciones sobre los cambios ocasionados en el cerebro por el abuso de drogas. La aceptación de que la drogadicción es una enfermedad, como los Estados miembros de la OEA lo hicieron el año pasado en la nueva Estrategia Hemisférico sobre Drogas, tiene implicaciones de largo alcance en cuanto al tratamiento de la drogadicción y la política de control de drogas en general.

Como consecuencia de la nueva estrategia antidrogas, los gobiernos deberán desplazar recursos y políticas.

En términos prácticos, los sistemas nacionales de salud necesitarán un volumen significativamente mayor de recursos para enfrentar la gran afluencia de drogodependientes; los consejeros de tratamiento de drogas requerirán una capacitación mucho más intensiva que les permita proveer servicios de calidad, y los médicos deberán aprender a detectar en todos sus pacientes el abuso de drogas y la adicción, y referirlos a centros especializados de tratamiento. Los sistemas de seguro de salud deberán cubrir el tratamiento del abuso de drogas en la misma forma en que cubren otros desórdenes físicos y mentales.

 El impacto también se sentirá en las políticas sobre drogas. La criminalización del consumo de drogas ilícitas por personas adictas a ellas tendrá cada vez menos sentido en la medida en que los responsables de la formulación de políticas comprendan que la adicción es una enfermedad. Los presos dependientes de drogas recibirán tratamiento mientras cumplen su sentencia, y las alternativas de tratamiento en vez de la encarcelación de los infractores dependientes de drogas se tornarán cada vez más comunes, en la medida en que los legisladores se den cuenta de que el tratamiento de drogas supervisado por los tribunales disminuye la reincidencia y reduce la recaída en el uso de drogas. Algunos países del Hemisferio Occidental ya han adoptado este concepto, como medio de reducir el costo carcelario y el hacinamiento de los centros de reclusión, y como un cambio hacia la adopción de un enfoque de rehabilitación en materia de política judicial y correccional.

 La prevención del abuso de sustancias adquiere una urgencia mucho mayor en este nuevo contexto de política. Los padres, los maestros y los profesionales de salud saben que deben ayudar a los niños y los adolescentes a cuidar su salud y prevenir las enfermedades. Las escuelas, los programas juveniles, los centros comunitarios, los grupos de padres y las organizaciones religiosas deberán adoptar enfoques agresivos en materia de prevención del abuso de sustancias, equiparándolos a las campañas en contra del cigarrillo y el empleo de cinturones de seguridad y la prevención de la violencia y los accidentes.

 Los factores que colocan a los niños o los adolescentes en riesgo de uso y abuso de drogas son los mismos que contribuyen al comportamiento violento, la participación en actividades delictivas y los embarazos de adolescentes. Los programas de prevención, aplicados en forma sostenida desde la primera infancia hasta el principio de la edad adulta, resultan esenciales para prevenir y contener la enfermedad de la adicción a las drogas y las concomitantes patologías sociales.

Nota: Una versión de este articulo apareció en la revistas Américas en Mayo de 2011.


actualizado el 5/2/2012 11:53:12 AM