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La historia de un estudio: Ojo con la marihuana![]() María Teresa Chadwick Por María Teresa ChadwickSecretaria Ejecutiva El VII Estudio Nacional de Drogas en Población General (2006), que se acaba de divulgar en Chile en junio, arrojó una estabilización del uso de pasta base y cocaína en el país, pero un aumento en el consumo de marihuana: la prevalencia de último año subió del 5,3% al 7% a nivel nacional, una salto que no se había registrado en todo los estudios que CONACE viene realizando interrumpidamente desde 1994. Este aumento en el uso de marihuana se ha localizado especialmente en jóvenes (19-25 años) y adultos jóvenes (26-34 años), elevándose del 15% al 19% y del 7% al 10%, respectivamente. Por primera vez, el grupo de adultos jóvenes declara más uso de marihuana que los adolescentes (12-18 años), que presentan una variación de 7% a 8% en el último bienio. El aumento de la marihuana está fuertemente localizado en personas de hogares de altos ingresos (promedio de dos mil dólares mensuales o más) que registran un alza del 9% al 19% entre el año 2004 y el 2006 y en jóvenes que declaran asistir a algún establecimiento de la educación superior, cuyas prevalencias anuales subieron del 17% al 21%. Esta alza en el consumo de marihuana se produjo en un contexto general de estabilidad en el uso de tabaco y alcohol, como de las demás drogas ilícitas, y psicofármacos sin prescripción médica. Entonces, ¿por qué aumenta el uso de marihuana? Este estudio entrega evidencia muy precisa que demuestra que el aumento en el uso de marihuana está directamente relacionado con la caída en la percepción de riesgo respecto de esta droga, una baja de 10 puntos porcentuales (de un 72% en el año 2004 al 62% el 2006). Esta fuerte disminución radica principalmente en la población más joven. Es importante destacar que los datos del estudio sobre la baja en la percepción de riesgo coinciden con el movimiento al alza de las prevalencias de consumo. La percepción de riesgo en los hogares de mayores ingresos disminuyó 20 puntos porcentuales, situándose en apenas 41%. En los hogares más pobres del país, la percepción de riesgo cayó solamente 5 puntos y marca 70%, casi 30 puntos porcentuales de diferencia.
En ese contexto, la estabilidad en el uso de pasta base y cocaína en la población general, tanto como del consumo de marihuana entre adolescentes y los altísimos umbrales de percepción de riesgo frente a la droga en los hogares más pobres, son noticias alentadoras para estos programas preventivos. Este incremento de la marihuana está acotado a grupos que usualmente no pertenecen al foco de atención de las políticas públicas de prevención.
Con todo, un aumento en la prevalencia y aceptación social del uso de marihuana, aunque aparezca principalmente localizado en jóvenes, en la educación superior y en hogares de ingresos medios altos y altos, es un motivo de especial preocupación.
Este VII Estudio entrega evidencia sobre los peligros que subyacen a cualquier
banalización del uso de la marihuana. Los datos muestran, en efecto, que el uso
de marihuana debilita la percepción de riesgo que se tiene sobre drogas como
cocaína y éxtasis, y aumenta la probabilidad de consumo de esas drogas. Entre
los jóvenes, la percepción del riesgo frente al uso experimental de cocaína
(probarla una o dos veces) alcanza a 61% entre quienes no han usado ninguna
droga, pero cae a 43% entre quienes declaran que sólo han usado marihuana. Lo
mismo ocurre con el éxtasis, donde el 72% de los jóvenes que no usan drogas cree
que se corre un gran riesgo probándolo, mientras que sólo el 49% de los jóvenes
Además, la tasa de consumidores de marihuana con signos de dependencia es mucho más elevada de lo que se cree. Al menos 1 de cada 4 personas que han usado marihuana en el último año registra signos de dependencia, esto es, tolerancia, síndrome de privación y uso compulsivo de la droga según escala CIE-10 (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades – Décima Versión de la Organización Mundial de la Salud), una cifra que desmiente la presunción de que la marihuana es inocua y no produce adicción. Datos de este mismo estudio, que confirman las últimas estadísticas de la Unión Europea que consignan al cannabis como la segunda droga de acceso a programas de tratamiento en Europa, muestran que quienes reconocen consumir marihuana son los que declaran en mayor número haber sentido la necesidad de participar en un programa de tratamiento. De hecho, la marihuana es la segunda droga de ingreso a programas de tratamiento en Chile, después de la pasta base. Es hora de tomar conciencia acerca de estos riesgos y redoblar los esfuerzos preventivos que no competen solamente al Estado, sino también a los mismos jóvenes, las familias y la comunidad entera. |
El Observador de la CICAD / No. 1, Año 5 / Primer Trimestre 2007 |
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